jueves, 24 de marzo de 2011

Caperucita Original

Versión ilustrada en una antología de cuentos de 1927
Nick Monfort me dijo, al proponerle la traducción de The Girl and the Wolf, que “Esa es una de las primerísimas obras que hice, pero no estoy avergonzado por ella, así que estoy encantado de que la traduzcas al español”. Mi motivación para realizar la traducción es que, The Girl and the Wolf, expone en una sóla obra, una buena parte de las iteraciones y versiones diferentes e imaginables de Caperucita y el Lobo. Y de paso me sirve para tratar el tema de las versiones originales de los cuentos.

La versión más común del cuento de Caperucita Roja que todos conocemos, puede ser leída, de una forma casi fidedigna, en esta creación de Nick, seleccionando la historia sin tono sexual y con un nivel de violencia medio. En ella, Caperucita, camino de casa de su abuelita, va por el bosque para llevarle provisiones y medicamentos. Es divisada por el lobo, el cual ansía devorarla; pero no en mitad del camino, donde alguien podría sorprenderle. Así engaña a la niña para que se entretenga por el bosque mientras él va raudo a casa de la abuela: para devorarla, y se hace pasar por ella. Al llegar la niña, queda extrañada de la apariencia algo fuera de lo común en su abuela. Tras la conversación famosa, el lobo levanta el velo del engaño y devora a la niña. Pero ete aquí, que un leñador pasaba cerca y contempló este acto, saltando dentro de la cabaña cercenó la cabeza del lobo, y de su esófago surgió la mano de la chica, aún viva. El leñador ayudó a ambas (la abuela aún vivía) a salir de la barriga del lobo; y así, todo terminó bien. Pero esto no siempre terminó así...
Tal cual, la versión más conocida plantea a los oyentes los peligros del bosque en contraposición de la seguridad de la aldea: no te salgas del camino, no te entretengas. Ligeras variantes se han contado, suavizando algunos términos. Por ejemplo, en algunas versiones el leñador llega justo antes de que el lobo devore a la niña, impidiendo a golpe de hacha este acto. En otras, para suavizar aún más el relato, podemos encontrar a la abuela encerrada en el armario, en vez de devorada viva. Y en algunas versiones, se mezcla con el final del cuento de los siete cabritillos y el lobo. Es posible que ambos cuentos se influenciasen mutuamente, debido a la flexibilidad de la sabiduría popular que viaja de boca a oído. Este final variante dice así:

“Entonces el lobo, tras una siesta después de tan pesada comida, es encontrado por el leñador, el cual le abre la barriga mientras duerme para sacarlas vivas. Estas introducen piedras en su barriga y le cosen la piel. Al despertar, el lobo, muerto de sed va al pozo, donde cae a su muerte por el peso que porta en su barriga.”

Obviando estas variaciones tan evidentes, quién podría decir que esa primera versión que hemos leído al inicio, y que creíamos como la auténtica, ya había sufrido numerosas modificaciones hasta llegar a nuestros días, modificaciones que buscaban adaptarla a los gustos cada vez más remilgados de la sociedad.

El origen de los cuentos populares europeos data desde la baja edad media. Eran fábulas populares transmitidas de boca a boca, relatadas como parábola aleccionadora en la cual siempre se sacaba una conclusión y enseñanza para los más jóvenes. Eran tiempos duros, donde el hambre, la peligrosidad del entorno y la violencia sobre la mujer, estaba a la orden del día en las aldeas. Por tanto, era muy normal que cualquier forma de entretenimiento tuviese esa doble intención de aviso a los niños para que aprendan de la maldad del mundo; para que aprendan que los lobos existen y que caminan a dos patas ahí fuera, en la oscuridad de la noche; o incluso, a veces, caminan entre nosotros.

Parte de la violencia siempre caía sobre las niñas y adolescentes, con raptos, violaciones y posterior asesinato; y como parte de la motivación de tales atrocidades era la perversión sexual de sus asesinos: los lobos, una parte de estos cuentos tenían un cierto tono sexual o sensual. No era un tono sexual explícito, sino, una apreciación velada para hacer entender a la niña que está madurando que la palidez de su suave piel es atractiva a los hombres, y que dejarse seducir por ellos les puede llevar a una situación de peligro; no sólo un peligro de perversión sexual o moral, sino un peligro real de muerte.

Desde la baja edad media, con la tradición oral, hasta nuestros días, los cuentos populares han ido sufriendo un proceso de dulcificación. Veamos cuales han sido los tres principales causantes de este fenómeno:

El pionero en recopilar cuentos populares y editarlos para su consumo respetable en sociedad fue Charles Perrault, con su libro Cuentos e Historias del Pasado con Moraleja. Cuentos . Cuentos de Mamá Oca. (Histoires et contes du temps passé, avec des moralités. Contes de ma mère l'Oye) en 1697. En el proceso dotó a los diversos cuentos de un estilo narrativo similar, y censuró o suavizó los elementos más crudos para así poder conseguir una pieza de una calidad literaria consistente. Perrault, así, creó el género literario de los cuentos de hadas, definiendo los arquetipos de las historias y un estilo narrativo del género que sigue vigente hasta el día de hoy. En este libro, se presentaron al mundo (su influencia se disparó al ser traducido al inglés) los cuentos de Caperucita Roja, el Gato con Botas, la Bella Durmiente, y Cenicienta, entre otros. A pesar de la estilización narrativa de la obra, quitando los elementos más crudos de las historias; como el título bien indica los cuentos mantienen parte del tono siniestro de los cuentos recogidos por Perrault de la tradición oral; para así poder aleccionar moralmente. Esto es, no puede haber enseñanza o advertencia de un peligro de la vida real, si el cuento no es de una naturaleza siniestra.

El lobo tentando a Caperucita, ilustrado por Gustave Doré

Los siguientes en recopilar una buena porción de cuentos populares fueron los hermanos Grimm, los cuales entre 1807 y 1810 recogieron una buena cantidad de cuentos populares con la intención de publicar un libro: Kinder- und Hausmärchen (Cuentos Para la Infancia y el Hogar) en 1812; con un total de 86 cuentos populares alemanes. A este le siguió un segundo volumen con 70 cuentos; y juntos forman la primera edición de los cuentos de los hermanos Grimm, con un total de 156 historias. Aunque los hermanos afirmaban que estos cuentos eran transcripciones de los relatos que escuchaban de los campesinos, la realidad es que acudieron en gran parte a gente de clase media alta para conseguir estas narraciones, que a su vez provenían de la servidumbre. Además, se cree que las versiones escritas por los hermanos Grimm, estaban muy purificadas, pues ambos eran fervientes cristianos. Aunque pudiera parecer lo contrario; que aspiraban a un producto y éxito comercial; en realidad los hermanos Grimm fueron los primeros en el género en presentar sus historias como fieles transcripciones del tipo de materiales folclóricos que carecían de la sofisticación de las adaptaciones de Perrault. Haciendo esto, los hermanos Grimm dieron un paso esencial y básico hacia los estudios folclóricos modernos. Hicieron un trabajo pionero que permitió en el futuro el trabajo de otros folcloristas que vinieron después.

La otra entidad recopiladora de cuentos que ha sido igual de relevante a la hora de suavizar los cuentos clásicos, es, por supuesto, Disney. Estos se han esforzado en crear adaptaciones cinematográficas de alta calidad y buen gusto. Tan buen gusto que no han tenido reparos en mancillar, desfigurar y modificar las historias originales. Aún así, las películas de Disney son tan populares, que hoy día, para la sociedad, sus adaptaciones son canon. Tú preguntale a cualquier persona que cómo termina el cuento de La Sirenita. Te dirá que el amor verdadero vence al mal, y ella se casa con su amor, para vivir felices por siempre jamás. ¡Pues no! ¡La sirenita en el cuento original muere! Resulta que su amado se casa con otra, cuando ella se da cuenta, va y le pide una solución a la bruja. Esta le da un cuchillo, y le dice que la mate, y que sino lo hace antes del amanecer, se convertirá en espuma de mar. Pero cuando la Sirenita entra en el camarote por la noche, ve, que en realidad él ama a su esposa, y se echa atrás en sus intenciones asesinas. Al amanecer, tal y como había predicho la bruja, la Sirenita muere, fundiendo su cuerpo con el mar.

Hay más historias, por ejemplo, Pocahontas. Basado en un personaje histórico, Pocahontas jamás se casó con John Smith, y a pesar de los años mantuvo su rencor hacia él, hasta el día de su muerte, presa de unas extrañas fiebres.

Básicamente, todos los cuentos que ha tocado Disney han sufrido ese proceso de dulcificación para dejarlos áptos como productos de mero entretenimiento; sin moraleja, sin profundidad moral, sin servir para nada que no sea matar el rato durante algo más de una hora.

Esto es indicativo de porqué Disney no ha realizado versiones largas o fidedignas de los cuentos cuya naturaleza era tan siniestra, demoledora moralmente de los cuales no han podido crear adaptación alguna. Sencillamente eligen obras a adaptar en las cuales es fácil quitar todo elemento sórdido o elemento que deje turbado al remilgado público.

La versión de Caperucita Roja de Perrault es la primera versión del cuento que se conoce que proceda de fuente escrita. Además Perrault añadió el detalle de la caperuza roja, ausente en las versiones populares previas a Perrault; un color muy simbólico que representa lo evidente: la niña ha tenido su primera regla; y del cual han corrido ríos de tinta. La niña es descrita por Perrault como muy guapa, “la criatura más preciosa que puedas haber visto jamás”, además de muy querida y consentida por su madre y abuela, y por tanto caprichosa. El relato prosigue de la forma habitual. En esta versión la abuela es engullida, pues el lobo tenía hambre de varios días. Cuando llega Caperucita el diálogo es el habitual, y termina con “¡Y que boca más grande tienes!” “Es, ¡para comerte mejor!” Y con esto el lobo saltó sobre la niña y se la comió. Y así termina el cuento. Notad que el relato transcurre sin morbosidad, ni detalles escabrosos (salvo el simbolismo inherente), pero no tiene un final feliz, por tanto, para poder introducir la moraleja, Perrault, añade al final del cuento:

Moraleja
Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien formadas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.”

Advertidas quedais niñas. Como hemos visto Perrault dulcificó el cuento original, pero al menos no quitó su objetivo, el de prevenir contra todo tipo de lobos.

La versión de los hermanos Grimm comienza destacando el atractivo de la niña “que ha todo el mundo gustaba”. Transcurre de forma habitual, quizás hace más incapié en la escena del engatusamiento, para que Caperucita desobedezca a su madre y se entretenga más de la cuenta solazándose en el bosque. En la escena final, ambas son engullidas, pero el lobo se queda dormido y el cazador lo sorprende, siguiendo la escena en que se mezcla con los siete cabritillos y el lobo, esto es, le abre la barriga con tijeras, rescata a las dos mujeres, y ellas le meten piedras y le cosen la barriga (Por cierto, en la versión digital de Nick Monfort no está la variante de la barriga llena de piedras, una decisión acertada, en mi opinión). Hay que notar que esta variante del cuento está extraído de dos narración escuchadas a sendas campesina, por tanto es probable que con el tiempo, desde la popularización del cuento por Perrault, el cuento viajase de nuevo de boca en boca, y entre pueblo y pueblo, país a país, y variase significativamente. Sólo el destino podía ser quien determinase cual de las variantes iría a parar al libro de los hermanos Grimm.

Aunque aquí hay final feliz (bastante más dulcificado que la versión de Perrault), la moraleja permanece ya que Caperucita confiesa haber aprendido de los errores y promete “no separarse del camino nunca más”. Los hermanos Grimm gustaron de añadir una “segunda parte” al cuento, procedente de la narración de la segunda campesina. En esta se vuelve a poner a prueba la inocencia de Caperucita con otro lobo zalamero, pero ella es obediente y sin hacer caso sigue por el camino hasta la casa de la abuelita. El lobo insiste rondando por la casa, pero como la abuela y la niña han aprendido, cierran bien puertas y ventanas, y le tienden una trampa por la chimenea, con un caldero de sopa muy grande, donde el lobo cae, y muere ahogado. Una segunda parte bastante innecesaria, pero los hermanos Grimm fueron fieles al folclore, y como tal se contaba, como tal decidieron incorporarlo al libro.


Ilustrado por Arthur Rackham

Las versiones no escritas anteriores a Perrault, se pueden trazar hasta el siglo 14. Se contaban tanto en Francia como en Italia, donde se conocían variaciones tales como La finta nonna (La Falsa Abuela), “La Historia de la Abuela”; e incluso se llega a trazar sus raices en un cuento oriental similar llamado “La Abuela Tigre” (recordemos: todas ellas sin caperuza roja). Es en estas versiones donde el cuento destaca por su naturaleza más sensual (en la versión de Nick podéis leerlo con el nivel de sexo intermedio y en su versión más sangrienta). Además, algo muy apropiado de la cultura popular, hay una variante que tiende hacia el humor escatológico, con la niña salvándose en el último momento poniendo como excusa que tiene que ir a defecar, y claro no se lo iba a hacer en la cama, una versión popularizada en las adaptaciones actuales por el componente de humor. Pero dejando aparte las variantes más estrafalarias, la mayor parte de estas variantes primigenias coinciden en el aspecto siniestro del cuento, y es por esto que las vamos a designar como el cuento original. En estos, a veces se cambia el término lobo por bzou, que significa “hombre lobo”:

“Había una mujer que acababa de cocer pan. Le dijo a su hija:
- Ve a llevarle esta hogaza calentita y esta botella de leche a tu abuelita.
Y la niña partió. En la encrucijada se topó con un bzou, que le dijo:
- ¿Adónde vas?.
- Le llevo esta hogaza calentita y esta botella de leche a mi abuelita.
- ¿Qué camino tomarás? – le preguntó el bzou- ¿el de las agujas o el de los alfileres?
- El camino de las agujas, le dijo la niña.
- Vale, entonces yo tomaré el de los alfileres.
La pequeña niña se distrajo recogiendo agujas. Mientras tanto, el hombre lobo llegó a la casa de la abuela, la mató, vertió su sangre en una botella y corto su carne en lonchas sobre un plato, y con esto, guardó la carne en la despensa, y la botella con la sangre en una estantería. La niña llegó y llamó a la puerta. ¡Toc, toc!
- Empuja querida- dijo el bzou falseando la voz- está cerrada con paja mojada.
- Buenos días, abuelita. Te traigo una hogaza calentita y una botella de leche.
- Ponlo en la despensa, mi niña. Come tu algo querida, coge la carne que está allí en la despesa, y bebe de la botella de vino que hay sobre el estante.

La niña comió de lo que se le ofrecía. Mientras ella comía, un pequeño gato decía:
¡Zorra! ¡Se come la carne y se bebe la sangre de su abuela!
La niña se quedó extrañada pero terminó su comida.
- Desnúdate niña- dijo el hombre lobo- y ven a la cama conmigo.
- ¿Dónde dejo el delantal?
-Échalo al fuego, ya no lo necesitarás más.

Y cada vez que le preguntaba dónde dejaba todas sus otras prendas, el corpiño, el vestido, las enaguas, las largas medias, el bzou respondía:
-Échalas al fuego, mi niña, no las necesitarás más.
Cuando la niña se metió en la cama, dijo:
-Abuelita, qué peluda eres.
-Es para mantenerme caliente, querida.
-Abuelita, que uñas más largas tienes.
-Son para rascarme mejor, querida.
-Abuelita, que dientes más grandes tienes.
-Son para comerte mejor, querida.
Y el lobo se la comió.”

Las características notables de estas versiones, que a pesar de la popularidad de la versión ligera y suavizada de los hermanos Grimm, fueron rescatadas posteriormente por estudiosos del folclore y reintroducidas en nuestra cultura popular de finales del siglo XX (por ejemplo, justo la versión que acabas de leer más arriba, aparece en el comic “Casa de Muñecas” de Neil Gaiman). Estas son:

El camino que atraviesa el bosque se divide en dos, el camino de las agujas, y el camino de los alfileres; y de versión a versión, la niña puede coger indistintamente, uno u otro; no hay un consenso en la elección. El significado de esto es completamente críptico, y las presunciones de los folcloristas se suelen dividir en dos: una es que estos cuentos eran contados habitualmente por mujeres, y que estas eran tejedoras de rueca, algodón, agujas y alfileres, y por tanto asignaban arbitrariamente a cierto tipo de cosas esos apelativos. Al parecer, muchos cuentos populares contenían este tipo de nomenclatura típica de las tejedoras. Otra teoría dice que la pregunta es una pregunta trampa, propuesta por el lobo, para engañar a la chica; y que por tanto no tiene sentido. Sin embargo, una folclorista llamada Yvonne Verdier no está de acuerdo con esta última teoría y escribió un ensayo que confirmaba la primera teoría. Este se llamaba “Le petit chaperon rouge dans la tradition orale” publicado por primera vez en 1995, tras la muerte de la autora. Verdier había grabado y estudiado intensivamente el folclore, las tradiciones y los rituales de las mujeres rurales de áreas remotas de Francia, y de esta manera trajo su ámplia comprensión de las historias tradicionales de las mujeres, para examinar “El Cuento de la Abuela”.

En las aldeas que Verdier estudió, encontró que las chicas eran enviadas, al llegar la pubertad, a trabajar con las costureras locales durante todo un invierno; un rango temporal que marcaba el cambio en la chica de niña a joven mujer. Verdier decía “Esto tenía menos que ver con el tema de aprender a ‘trabajar’, a coser y a usar las agujas, que con refinarse, aprendiendo a maquillarse y a adornarse, a vestirse como mujer. Las costureras expresaban esto diciendo de sus jóvenes aprendices, ‘Ellas tienen que recoger alfileres.’ Cuando alcanzaban la edad de quince años, tanto en el invierno con las costureras y la entrada ceremonial en el grupo de edad consagrado a Santa Caterina, significaba su llegada a la etapa en la que eran doncellas (la vie de jeune fille), esto es, el permiso para ir a bailar y para tener novios, de los cuales, el alfiler parecía ser su símbolo. De modo que ofreciendo a ellas docenas de alfileres los chicos cortejaban formalmente a las chicas; luego, lanzando los alfileres a una fuente, las chicas se confirmaban a si mismas como novias.”

Mientras que los alfileres marcaban el camino de las doncellas, las agujas implicaban madurez sexual: “Y en cuanto a las agujas”, escribió Verdier, “enebradas por el ojo, en el folclore de las tejedoras se refería empaticamente a un simbolismo sexual.” De hecho en algunas partes de Europa las prostitutas llevaban agujas en sus solapas para anunciar su profesión. Entonces, las versiones del Cuento de la Abuela donde la chica elige el Camino de las Agujas bien podría implicar que nuestra heroina está tratando de crecer demasiado rápido. Con las consecuencias que ello podría tener.

Notad que en estas versiones se habla de “hombre lobo”, y no un mero animal humanizado; por tanto es un ser que cambia de forma, con lo cual, en la cabaña el lobo se disfraza de abuela usando su forma humana, lo que le permitiría que el disfraz fuese “más creíble”. Además, le permite ser atractivo hacia la muchacha, al ser una presencia mitad masculina, mitad animal, algo que ofrece una cohesión más fuerte que ser seducida por un animal. La atracción por los hombres lobo es un tema recurrente en nuestra cultura popular, y ha sido abordada decenas de veces en el cine, por ejemplo.

En la parte en que a la chica se le ofrece comida, la perversión por parte del hombre lobo es tal que la engaña para cometer canibalismo con su propia abuela.

Las escena del desnudo, previo a la conversación tradicional, es un striptease muy sensual. El lobo está deleitándose con la desnudez de la chica y sus leves formas de doncella.

La conversación tradicional de “¡Qué orejas más grandes tienes!”, es mucho más íntima que en la versión popularizada por los hermanos Grimm, ya que transcurre dentro de la cama, y la chica no lo dice exclamando.

Y finalmente, el lobo consuma el acto, devorandola a placer.

Una versión original que aparece en “Casa de Muñecas”
de la serie Sandman, de Neil Gaiman
(clica para ver a máxima resolución)
Como hemos visto, el cuento popular original (si es que se puede decir esto; mejor, las variantes del cuento popular, previas a Perrault), estaban directamente relacionadas con la precaución que deben tener las muchachas en no dejarse seducir por los hombres a tan temprana edad: hay que ir poco a poco, sin tener prisa en recorrer el camino de las agujas.
Notad además, que la presencia del leñador no se percibe por ninguna parte. Es probable que fuese otro añadido para evitar un final tan trágico para la protagonista.

En “La Muchacha y el Lobo” de Nick Monfort puedes leer esta versión original, seleccionando la historia con el nivel más alto de sexo y el nivel más alto de violencia. Detalles extra aparte, introducidos por Nick, y actualizado a nuestro tiempo, ahí está, con todo su erotismo y toda su crudeza, el cuento original de Caperucita Roja.

Hacia la segunda mitad del siglo XX, las fascinación por el cuento aumentó considerablemente, primero por los folcolristas, y después por la cultura popular. Esta ocurrió sobre todo a partir de que se conocieron y se hicieron más populares las versiones primigenias del cuento, debido a la labor de divulgación de los folcloristas; ya que estas, al estar tan cargadas de simbolismo, hacen que sean más atractivas a la mente humana. Esta fascinación hizo que el número de adaptaciones explotase exponencialmente. Versiones modernas las hay de todo tipo y condición, profundizando en cada aspecto del cuento: desde versiones muy eróticas donde la niña, tras tener su primera regla, se deja seducir por el cuerpo del hombre lobo en su forma masculina; sin saber que este ha devorado a su abuela, yace con él en la cama; hasta elaboraciones gore con profundizando en detalle en el aspecto sangriento de la historia; reivindicaciones feministas donde la abuela y la niña salen victoriosas de la lucha contra el lobo, sin presencia alguna del leñador; y versiones para niños recuperando el humor del final escatológico. De hecho, yo me enamoré del cuento a partir de la versión pre-Perrault que hace Neil Gaiman en su novela gráfica “Casa de Muñecas” de la serie Sandman. En ella se muestra a una Caperucita de 14 años haciendo el ritual de quitarse la ropa y tirarla al fuego. Son estas últimas las que más me interesan, las que profundizan en el simbolismo de la versión original, y las que tratan de acercarse con fidelidad a esta, pero proponiendo un tono y ambiente para adultos.

Caperucita Roja, de Diego Alterleib, una excelente variación 
donde uno se pregunta: ¿quién teme a quién?
Caperucita Roja no es el único que tenía una versión original suavizada por las adaptaciones y por la sociedad. Todo cuento popular es susceptible de poseer una versión original más “auténtica” más cercana a nuestras raices, y a nuestros miedos. Suelen estar cargadas de simbolismos, y suelen ser más crudas que las versiones actuales. Rumores cuentan que por ejemplo, la Bella durmiente fue despertada de su sueño eterno porque el príncipe la violó; y que los 7 enanitos no eran sino mineros, gente ruda y algo desagradable, y no simpáticos enanitos. También cuentan que la malvada bruja es en realidad su madrastra, que sedujo a su padre, el rey, y lo tiene sometido con un hechizo con el cual le extrae la vitalidad cual súcubo, a través del acto sexual.

Comprobar la veracidad de estas versiones da para crear un artículo por cada cuento popular, algo que se sale del ámbito de este artículo dedicado a Caperucita Roja. Pero si las adaptaciones modernas están basadas en un origen primigenio; siniestras y cargadas de advertencia moral; real o inventado, poco importa. Lo importante es que estas enriquecen el legado cultural de la humanidad. Por ejemplo, en las pasadas décadas, incluida la nuestra, hubo una floreciente tendencia en crear adaptaciones cinematográficas de cuentos populares, pero con un matiz realista y maduro, adaptaciones tales como “En compañía de lobos” de Neil Jordan, o “Blancanieves: un cuento de terror”, protagonizada por Sigourney Weaver y Sam Neill, cuyo subtítulo es “el cuento de hadas se ha acabado”, donde la bruja madrastra tiene hechizado al rey por el sexo. Eso sin nombrar la infinidad de adaptaciones cinematográficas en el género del thriller o del terror, en los cuales, Caperucita Roja, ha sido readaptada hasta la saciedad.

Unas adaptaciones muy notables son las deconstrucciones de varios cuentos realizados por Emily Short, en el medio de la Ficción Interactiva. En su haber cuenta con adaptaciones modernas que varían entre el gótico y el romanticismo, profundizando en la construcción de la heroína femenina, alejada de los estereotipos de los cuentos. Sus cuentos fracturados más notables son: Alabaster, basado en una Blancanieves que está bajo sospecha de estar bajo los efectos de una maldición vampírica; y Bronze, basada en La Bella y la Bestia, en la que la autora construye todo un sistema de magia que explica y permite romper la maldición que pesa sobre la Bestia y todo su séquito de palacio, gracias a la inteligencia de Bella, controlada interactivamente por el lector/jugador.

Volviendo a “La Muchacha y el Lobo”, la versión digital realizada por Nick Monfort: el trabajo de Nick es bastante completo, aunque no se puede conseguir una historia exacta a cada variante que hemos visto, “La Muchacha y el Lobo” se acerca con fidelidad a todos los rangos y temas (tanto explícitos como simbólicos) de las posibles variaciones más tradicionales del cuento y las tendencias modernas hacia el terror y el sexo; aunque dejando de lado las variantes más “fuera de tema”. Así mismo, Nick Monfort lo ha actualizado, con secciones más sensuales, referencias a la cultura popular de nuesto tiempo (El Piano), y unas escenas del leñador repletas de acción, narradas con contundencia.

Si hoy hemos leído a la caperucita original, sin duda “La Muchacha y el Lobo” de Nick Monfort es Caperucita 2.0, una versión que es capaz de englobarlas a todas, y unirlas bajo el mismo medio: la literatura digital.

Referencias:


7 comentarios:

lanemastodon dijo...

Pero vamos a ver, en la historia original entonces el lobo consigue con zalamerias varias meter a la niña en pelotas en su cama para... ¿comérsela? ¿Cual es la moraleja? :P

Ruber Eaglenest dijo...

¿Es una broma? XD

La moraleja es la misma de siempre, no te fíes de los lobos, pero la original muestra lo que ocurre si te dejas engañar por los lobos, sin leñador, sin escapada escatológica, sin salvación.

lanemastodon dijo...

No, no es broma es que no entiendo el mensaje.
En la de Perrault en cambio me parece bastante más coherente con lo que pudieran ser las preocupaciones de la época, con un lobo que, no por asesino o violador, sino por la amenaza que pueda suponer al buen nombre de las familias, hay que evitar aun cuando las tiernas criaturas se vean irremisiblemente atraídas por ellos. Todos sabemos que los malotes siempre han sido los más ligones.

Johan Paz dijo...

Me sigue sin gustar el simbolillo para separar los párrafos como ya te dije... por cierto, ni me mencionas... :P

Ruber Eaglenest dijo...

Iba a hacerlo esta mañana, pero se me pasó, efectivamente Johan Paz me testeó el texto. También es que... a la hora de relatos o artículos, se me hace raro poner unos créditos completos. Espero sepas perdonarme, pero es eso, por ejemplo en libros casi nunca se dice quienes han sido los lectores revisores de estilo (o no es costumbre), así que fue un dilema durante un tiempo, hasta que decidí que en artículos y material con texto no pondría créditos completos. Pero tu sabes que siempre te llevo en mi agradecimiento.

Además en el artículo no te menciono porque el artículo no es central a la traducción.

También tengo el dilema de cuando es material de formato pequeño que no hay mucho espacio para filigranas (de hecho, los artículos, de los cuales muchas veces te he pedido opinión).

Quizás sea momento de cambiar de política. Pero desde aquí digo que sí, la mayoría de las traducciones, sobre todo de artículos, han pasado por los ojos de Johan.

Ruber Eaglenest dijo...

Ah! lo del símbolo, al final decidí no marear más la perdiz, no quise que Nick gastase más tiempo, que se le complicó la cosa con la codificación de caracteres.

Incanus dijo...

Muy interesante; espero poder leerlo todo en profundidad para mejor opinar.

De momento, notar que en la página interactiva del relato, la versión story[8] (x=2, y =3) del cuadrante tiene algo de texto en inglés.

Saludos,

[INCANUS]